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viernes, abril 18, 2008

la mirada perenne

Se despertó de golpe.

Sabía lo que había soñado, aunque no se acordaba. Solamente esos malditos ojos azules producían la sensación de desasosiego y el sudor frío que ahora mismo le invadían.

Retiró las sabanas y buscó las zapatillas con los pies sin encender la luz. Luego paso la mano por la mesa para recoger el tabaco, no estaba. "Cierto, deje de fumar hace dos meses" se dijo a sí mismo.

Quién le iba a decir que volvería a pasar por allí. Creía que ya había dejado atras esos ojos, esa mirada.

Llevaba más de diez años haciendo este trabajo. Matar no era su vocacion, pero su falta de escrúpulos no le impedían hacerlo y le solía permitir viajar y mantener una buena vida con pocas horas de trabajo. Eso siempre está bien.
Había tenido que enfrentarse a cobardes suplicantes, chulos prepotentes, inocentes sorprendidos, incluso algun adolescente imberbe que otro (hay gente muy retorcida en este mundo). Todo había ido como la seda.
Hasta hace tres años. Aquí en esta ciudad.
Había tenido ese trabajo, aparentemente sencillo. Poca seguridad, habitos regulares, ni un rastro de paranoia, lo que se viene conociendo como una persona entre ilusa y confiada. Por fin llego el momento justo y cuando iba a llevar a cabo su encargo los ojos se le quedaron mirando. No había nada de lo anterior en ellos. Sólo una mirada firme. Una expresión que unicamente había visto una vez. Era ella de nuevo. La que había desaparecido de su vida hacia ya tanto. Sus ojos seguían igual que entonces.
Por supuesto, completó su trabajo, siempre lo hacía, era famoso por eso.
Pero cuando lo hizo la mirada de ella no dijo nada, sólo algo que él no sabía, siempre intuía cuando ella escondía algo.
No pudo recuperarse de ello, le dejó huella. Estuvo parado durante un año. Dejó de trabajar a pesar de que le siguieron llegando encargos, cada vez con un precio más desorbitado. Pero no podía, cada vez que pensaba en hacerlo esos ojos le perseguían.

Finalmente había vuelto a la vida activa, cuando pareció que todo había pasado. El primer trabajo después de su retiro lo llevo a cabo casi tan bien como antes del incidente. Poco a poco se fue recuperando y llego a ser incluso más perfeccionista.

Hasta hace una semana que recibió el encargo.
Lo aceptó sin pensar, como siempre lo hacía.
Aterrizó y se alojó en un hotel, sin pensar bien en cual, nunca lo hacía, con que tuvieran un buen restaurante y fuese lo suficientemente lujoso le valía, ¿para que más?
Cuando empezó con la tarea de seguimiento se dio cuenta de que era la misma ruta que hace tres años, tenía una maldita memoria para los detalles de ese tipo. "Sólo una coincidencia" se dijo. Luego siguieron otras, los restaurantes, los horarios, todo. Aún así siguió con el plan y llegó el día.

No era capaz de describir que pasó después.
Sólo que no habia sido capaz de hacerlo. Los ojos habían sido mas fuertes que él. Allí, mirandolo cuando llegó el momento definitivo.

No podía matar esos ojos otra vez. Los había perdido una vez y matado otra. Pero enfrentarlos de nuevo era superior a sus fuerzas.

Ahora estaba de pie, en mitad de la noche. Preguntandose que pasaría ahora con él. Este tipo de cosas no se dejaban así.
Sabía demasiado como para que le dejasen seguir sin más.
Nunca se dejaban cabos sueltos, y él era uno ahora mismo.

¿Sabría ella eso?

jueves, febrero 07, 2008

sms

160 caracteres para un reto... Publicar un sms en un blog amigo...

Lucas me envió este...

Intente decírtelo, una y mil veces, pero no me hiciste caso. Sé que es difícil, pero lo intenté. No puedes negarlo. Ahora ya es tarde. Se acabo el tiempo. Adiós.

El mío lo tiene él

El proximo?

viernes, diciembre 14, 2007

- Pues sigo pensando que lo peor es un corazón roto, -habló rompiendo el silencio que les envolvía, aunque no se podía decir si para hablar con su acompañante o meramente pensando en voz alta- lentamente, por trozos, que se te vaya desgarrando fibra a fibra, sintiendo como cada célula se rompe y estalla. Dando tiempo a extender el dolor a todos los rincones. Un dolor continuo y lacerante, derrumbando uno a uno todos los límites del individuo, socavando su moral, que le parezca que aquello no va a tener fin.

- Ya te he dicho que eso depende. -contestó el mayor de ellos parando el balanceo de los pies- Hay teorías que dicen que es peor un movimiento seco y rápido, zas! mano en el pecho, zas! mano fuera y corazón arrancado. Lo que sigue entra en el mundo de lo psicológico. La víctima se encuentra desorientada. De repente carece de sentimientos, se convierte en una especie de zombie. Se encuentra perdido de si mismo, sufre una completa ausencia de motivaciones, sueños, esperanzas o cualquier otra cosa que le empuje hacia delante. Ese vacío, esa incomprensión de lo que le rodea y de su propia existencia le tortura en cada momento. Sin un razón para hacer las cosas, no tiene satisfacción alguna y se precipita en su propio abismo.

- Pero... ¿y el dolor?

- Veo que todavía te quedan cosas por aprender. Ya seguiremos hablando de esto en otro momento -se levantó despacio-, ahora tenemos trabajo. No vaya a ser que lleguemos tarde y el alma de hoy se nos salve.

domingo, septiembre 02, 2007

noctámbulos: él

Ahí estaba él, una vez más. Terraza del piso 13 (¡cómo le había costado convencerla para comprar el apartamento en esa planta!). Sentado en mitad de la noche, viendo como la ciudad velaba a sus habitantes. Se había abandonado al viento en su cara.
Mientras, su mente lejos de allí, volando por los caminos del pasado, de lo posible, lo probable, lo ocurrido y lo que no.Volviendo a recorrer cada encrucijada de la vida que le había llevado hasta allí. Volviendo a ver el paisaje que rodeaba a cada una, los signos, las señales...
No podía evitar volver a estar allí y preguntarse si el camino que tomó realmente lo había elegido o cuánto del camino habia sido ya trazado. ¿Qué diferencia habían hecho sus decisiones? ¿Podría haber sido algo distinto? Volvió a repasar una y otra vez: su decisión de estudiar biología molecular, su primer trabajo, su segundo trabajo, el siguiente y así hasta el actual. Su situación en cada una de las etapas, su carácter, sus compañías, las situaciones claves de cada una de las decisiones y, como siempre, apareció una sombra en su mirada. Acababa de llegar al punto clave que tanto le intrigaba.
Empezó a llover.
¿Qué hubiera pasado si todavía siguiera con aquella chica a la que tanto había querido? ¿Hubiera sido capaz de tomar las mismas decisiones? Sabía que ese era un punto clave y que no podía contestar, nadie podía. Repasó momento a momento todo el tiempo que siguió a su ruptura. Cada paso y cada movimiento. Ahora, al llegar al momento crucial, una sonrisa estaba en su cara.
La lluvia ya había empapado la calzada y las luces se reflejaban en el asfalto.
Recordó como consiguió el trabajo que más feliz le había hecho. Como aprendio a escucharse a sí mismo y a ser extremadamente feliz con cada golpe del destino y como la había encontrado a ella. Ella que ahora dormía en la habitación plácidamente. Que le hacía soñar cada mañana con la mera ilusión de parar el tiempo. No sabía cómo se había producido todo y era consciente de que parte de las cosas no las había elegido, pese a que le gustaba pensar que era dueño de su vida.
Una vez más dió gracias a los caprichos del destino. Su felicidad no tenía precio

sábado, abril 28, 2007

Al despertarse lo primero que vio fue su pelo sobre la almohada. Ella seguía dormida de espaldas.

Él no hizo ningún ruido, sólo se quedó mirando. Se dedicó a disfrutar de el cuerpo que tanto le gustaba, ya que cuando ella estaba despierta empezaba a decir que no la mirara así, por mucho que él se lo explicaba. Posando sus ojos en cada detalle de la obra de arte que dormía a su lado que, incluso ahora, después de tanto tiempo, seguía sin creerse que siguiera allí. Pese a que lo conocía perfectamente, le encantaba intentar memorizarlo, cada lunar, cada peca, cada pequeño pliegue que se formaba según la postura adoptada por ella.

Por fin, se dedicó a recorrer la silueta que se dibujaba en las sábanas, pero sin tocarla, sólo siguiendo el contorno con sus manos, sin querer despertarla, sabiendo lo que era tocarla, pero sin prisa por que sucediera.

Finalmente, se acercó para respirar a través del aroma de su pelo y susurró las palabras que no le decía nunca, pese a lo mucho que a ella le molestaba que se negara de pronunciarlas.

- Yo también a ti, tonto- le dijo dándose la vuelta y besándole suavemente-. Buenos días.

viernes, marzo 23, 2007

Otoño

Fuiste el otoño de mi juventud,
atrayente y magnética,
llena de colores y matices,
con olor a humedad y
marcando el final de un tiempo
que, por mucho que vuelva, no será el mismo.
Contigo vi pasar mi ánimo
por todos los estados conocidos:
desde el verde esperanza que no ha de durar
al rojo pasión que nos hace dudar.
Vi llegar el frío con su manto gris
y me refugié en los luminosos rayos
que tus ojos brindaban.
Pero, con el tiempo, el sol se distanció;
ya no bastaba tu mirada para calentar
los hielos que habitaban en mi corazón.
El invierno con su muerte y su blanco manto
enterró los recuerdos y los sentimientos,
a la espera de la llegada de la primavera
que traiga nueva vida dispuesta a crecer,
hasta que llegue el sol que abrase mi alma
y me haga, de nuevo, creer.

domingo, marzo 11, 2007

El puerto

Llevaba una semana sentado en el acantilado.

Había llegado allí una tarde y se había quedado para ver el anochecer.
Mientras que esperaba a que el sol terminase su recorrido por el cielo había dirigido su mirada hacia abajo, había cruzado la playa y sus ojos verdes se habían posado sobre el espigón que protegía los barcos del fuerte oleaje en los días de tormenta. Al final del mismo se encontraba la salida del puerto, con sus barcos yendo y viniendo.

No sabía por qué, pero desde entonces no se había movido. En todo este tiempo un par de personas habían pasado a su lado y charlado un rato con él, pero la mayoría del tiempo estuvo solo.

A decir verdad, era el lugar donde más tiempo había estado desde hace varios años, cuando empezó la marcha.

Su paso por la ciudad tenía que haber sido rápido. Llegar, coger un barco y seguir camino. Pero allí seguía, una semana después.

En aquellos siete días había estado pensando mucho. Aunque, a decir verdad, la mayoría del tiempo se había limitado a dejarse arrullar por el sonido del romper de las olas.

Con el nuevo amanecer empezó a plantearse no coger el barco. No sentía el impulso de hacerlo. Quizá se decidiera a seguir andando por la costa. Coquetear con el mar en playas y acantilados, para alejarse un poco en algún tramo difícil, y encontrarse de nuevo unos kilómetros más allá. Puede que, incluso, se quedara en el pueblo por un tiempo.

Todo este tiempo caminando le había cambiado. Ahora era más sereno, se había acostumbrado a que la distancia entre pueblos era la que era y no podía cambiarse. Había aprendido que el agua moja en todos los paisajes lo mismo, aunque no todas las lluvias son la misma. Se había acostumbrado a escuchar, más que a hablar, porque no tiene sentido hablar cuando estás solo, pero que escuchar a tu alrededor tiene mucha utilidad. Su mirada se había vuelto dura y árida, como los desiertos de roca que había visto, pero cálida en el interior, como una gruta con un fuego tras una tormenta.

Ya no le empujaba la necesidad de seguir hacia delante.

En cualquier caso sabía que la tendencia estaba rota, que puede que algún día reiniciase la marcha, pero que esa marcha había llegado a su fin.

viernes, julio 21, 2006

Vértigo

Allí se encontraba otra vez. Justo en el borde y los dedos de los pies colgando en el vacío, con el aire pasando entre ellos, unidos al resto del cuerpo evitando que se caigan. Estaba de nuevo en el borde del precipicio, de su precipicio.
Ya no recordaba la primera vez que había ido ni como llegó a ese lugar. Sólo sabía que se había acostumbrado a ir allí, que lo necesitaba para seguir vivo, que sin eso no era él mismo.
Otra vez volvía a sentir la adrenalina correr por sus venas, haciendo latir fuertemente las sienes.
De nuevo volvía a sentirse paralizado, mirando hacia abajo, como los pelos del cuerpo se le iban erizando y algo le recorría la columna vertebral.
En su cabeza flotando la frase "la gente que tiene vértigo es debido a que realmente les llama la idea de caer, les atrae".
Ahí se encontraba, viendo como su cabeza se vaciaba de pensamientos, quedando únicamente las sensaciones de sí mismo.
Una vez vacío completamente de pensamientos, cerró los ojos, respiró y volvió a decirse "es mi vida, la que elijo, la que yo decido, la que quiero".
Volvió a abrir los ojos, se dio la vuelta y se tomó el camino de vuelta a casa. Volvía a ser él mismo, tras enfrentarse con el miedo y liberarse de lo superfluo. Ya tenía fuerzas para cambiar el mundo, de nuevo.

domingo, octubre 16, 2005

Sherlocks

Hace unos días, paseando por la calle vi un hombre ataviado con capa agabardinada y gorro y portando en su mano derecha una lupa, al estilo Sherlock Holmes, pero en castizo. La gente al pasar se quedaba extrañada mirándole y luego comentaban entre ellos. Sospecho que los comentarios no eran del tipo "¿qué pinta un tipo con gabardina a estas alturas por Madrid?", por mucho que el hecho en sí no tuviera mucho sentido; creo, más bien, que comentaban la actitud el susodicho viandante, que no dejaba de resultar, cuando menos, peculiar, ya que iba en consonancia con su atuendo.
Dado que era un día de esos en los que disponía de tiempo de sobra, decidí pararme y averiguar el porqué del atuendo y comportamiento del individuo. Así que, sin más, le pregunté:
- Buenas tardes, ¿qué busca? ¿Puedo ayudarle? - pregunté con una intriga tremenda
- Ah, hola. No déjalo, no hace falta, no te molestes - me respondió con absoluta serieda y normalidad.
- No es molestia, si puedo ayudarle, me gustaría, tengo buenos ojos - estaba decidido a satisfacer mi curiosidad y no me iba a rendir.
Ante mi insistencia el desconocido levantó la mirada, me inspeccionó de arriba a abajo con ojos verde oliva, dilató levemente sus pupilas y esbozó una sonrisa - Está bien, te diré lo que busco: me busco a mí mismo.
- ¿Y cómo de grande es la foto? - respondí
- No es una foto. Busco a un espíritu inquieto, ilusionado por el día a día, que tenía claro el futuro que perseguía y que era capaz de leer en la sociedad defectos, virtudes y espejismos. Busco una cara alegre, como un payaso, con una sonrisa dispuesta y una mirada chispeante. Quiero encontrar la capacidad de ver en el futuro el principio del cambio que se espera, la posibilidad de que si se cree con la suficiente fuerza, a uno le pueden crecer alas. Busco alguien capaz de no dejarse arrastrar en el día a día y convertir sus días en aventuras únicas e irrepetibles, en lugar de rutinas comatosas e inertes. Me busco a mí, busco la persona que creí ser y que no recuerdo cuando perdí, pero que sé que ya no soy.
Mientras hablaba lo hacía con la misma naturalida con la que se describe un jersey. No supe contestar.
- Por eso decía que no podías ayudarme, gracias por el interés.
Una vez dicho esto me dio la espalda y siguio con su búsqueda. Esa noche no pude más que dar vueltas a la cabeza antes de dormirme sobre el encuentro de esa tarde. Me preguntaba cuántos más estarán buscando y cuántos habrán encontrado.

martes, octubre 04, 2005

- Papá, ¿por qué está sangrando el mar? ¿acaso el sol le está haciendo daño? - preguntó Pedro con sus cinco años al ver la primera puesta de sol en el mar. Esa tarde el mar tenía un rojo más intenso que de costumbre al atardecer, con el sol a medio meter en las tranquilas aguas.
- No, Pedro, el sol no le hace daño. El sol le está contando al mar lo que ha visto durante el día hacer a los hombres. Está relatando como ha visto a ese hombre salir de casa para ir a trabajar con traje y corbata y cambiarse en un baño público par ponerse el uniforme de cajero, para que su familia no sienta vergüenza de él, cuando su mujer lo sabe desde hace meses, pero no dice nada. Dice también que ha visto cómo una mujer lleva dos semanas sin sonreir, pensando en cómo va a pagar la hipoteca y que, de la frustración, ha chillado a su hijo de 3 años cuando se le ha caído el vaso y se le ha roto a la hora de la merienda. Cuenta la pérdida del último ideal de aquel joven comprometido, al firmar, a sus 40 años, en su puesto de directivo de una multinacional, el despido de 500 trabajadores sólo para que los beneficios del próximo trimestre sean más altos y conseguir el plus para irse de vacaciones al caribe. Y, así, le narra una a una, todas las historias de decepciones, pérdida de ideales, mutilaciones de almas y negación de principios que ha ido viendo a lo largo del día. Derrotado, piensa que mañana no tendrá fuerzas para seguir viéndolo. Con todo esto, el mar, al escucharle, ha ido notando cómo se le desgarraba la piel y le sangraban los poros sin poder hacer nada.
Pedro se quedó mirando a sus pies, sin poder contemplar más la puesta de sol.
Su padre, al contemplarle, continuó - No te pongas así, Pedro, esto sucede cada día desde que el tiempo comenzó. A partir de ahora, queda el milagro de la noche. Cuando el sol, derrotado, se retira, la gente comienza a soñar, a imaginar unos días mejores por venir, ese golpe de suerte que les cambie la vida, esa foto olvidada que les recueda sus ideales de juventud y, por cada sueño nuevo, por cada sonrisa ante un futuro mejor, por cada meta imposible de lograr, aparece una luz en el cielo, pequeñita y titilante.
- ¿Eso son las estrellas?
- Sí. Y, cuando el sol despierta, al contemplarlas, decide que no puede dejar que todas esas ilusiones se pierdan en el olvido.

viernes, septiembre 09, 2005

- Quiero ir a Villa Memoria - dijo con una sonrisa en la cara y un aire distraido-, me han dicho que sabe cómo ir.
- ¿Estás seguro de que quieres ir?- Preguntó mirando por encima de sus gafas de lectura y bajando un poco el pesado libro de tapas oscuras.
- Sí, quiero visitar aquello que viví y volver a encontrarme con los recuerdos que allí se encuentran.- añadió convencido y con ojos chispeantes.
- No creo que seas consciente de lo que vas a hacer.
- ¿Por qué?
- Porque lo que allí te vas a encontrar no tiene nada que ver con lo que estás hablando o, mejor dicho, la experiencia no va a ser como tú crees. Ese lugar no es como lo pintan.
- Eso será para usted, yo sé lo que busco y quiero llegar allí - el tono altivo de su voz daba a comprender que no iba a admitir ningún comentario.
- Está bien - y, resignado, cerró el libro y empezó a hablar en voz baja y lenta - coge la calle de La Soledad, hasta que veas la salida a La autopista melancolía. Cógela y aléjate de La ciudad Presente en dirección al Olvido. A partir de ese momento sólo tienes que seguir recto. Te estarás acercando cuando los árboles de los lados queden lejos de la vista y veas la salida de Los que no Volverán. Atraviesa el Cordón del Dolor y habrás llegado, tendrás los barrios de las Mentiras, las Decepciones, los Desengaños, el Arrepentimiento y todos los demás. ¿Alguna duda?
- Más que duda, aclaración, porque creo que no me ha entendido: quiero ir a Villa Memoria, para visitar Los buenos Recuerdos, cerca de la Felicidad creo que el camino que me ha indicado no es ese.
- Sigues sin entenderlo. El barrio del que me hablas nunca ha llegado a construirse. Ha estado en la mente de muchos, pero nunca se ha hecho realidad, es imposible. - ante la mirada de estupefacción de su interlocutor siguió hablando- Se ha intentado y cada vez que se intentó, parecía que iba bien, pero siempre es igual: el constructor tenía un problema, si el barrio realmente era la Felicidad el constructor no podía acabarlo, ya que no podía llevarlo a ciudad Presente y así se convertía en el Arrepentimiento, por no construirse en el lugar adecuado; si no era tan bueno se convertía en las Decepciones ya que se perdía algo en Presente por estar en Memoria.
- ¿Y si no era ninguna de esas?
- Entonces, simplemente, era Mentira. Creeme, el viaje no merece la pena, porque además, en caso de que encuentres un lugar parecido a lo que esperas, tendrás que volver a ciudad Presente y es cuando las curvas de la autopista Melancolía son más peligrosas. Pero siempre es tu decisión.
- Gracias por las indicaciones, han sido muy claras.
El joven se marchó cabizbajo.